Bueno familias, como ya os comenté hace unos días en el último artículo que podéis leer aquí, mi tercer parto fue en el Hospital de La Paz en Madrid.

Una vez llegamos al Hospital me realizaron nuevamente un control rutinario junto con una analítica de sangre y después, nos hicieron la prueba del Covid-19 que, por suerte, ambos resultados fueron negativos. Todo este proceso duró cerca de 1 hora y media hasta que finalmente bajó la ginecóloga para contrastar la información que reflejaban los informes médicos.

Si no os habéis leído los artículos anteriores, os hago un breve resumen a continuación.

Antecedentes clínicos durante el embarazo

Por una parte estaban las arritmias cardíacas, las taquicardias y el tratamiento que estaba siguiendo desde hace meses por mi cardiólogo. Luego, el exceso de líquido amniótico (polihidramnios) y la no visualización de la cámara gástrica del bebé con posible malformaciones en el esófago. La persistencia de vena umbilical derecha que, en principio, no estaba causando ningún mal aparente.

Y por último, las dimensiones del bebé. Que debido a la medicación que estaba tomando (propranolol) y después de realizarme la prueba larga de la curva para confirmar que no tenía diabetes ni cualquier otra alteración en las analíticas, no les terminaba de cuadrar las semanas de gestación con su talla y peso.

El bebé era demasiado grande, y en teoría, las anteriores patologías que os he mencionado así como los medicamentos, afectarían de forma contraria a su crecimiento.

Con todo lo que os acabo de contar, pensar que el parto tendría un final feliz era mucho imaginar. Por ello, tenía a todo el equipo de obstetricia, pediátrico, cirujano y algún cardiólogo pendiente de nosotros en aquel momento.

Recuerdo que, mientras esperaba para subir al paritorio, se me pasaron mil cosas por la cabeza. Pensaba en las arritmias, si mi corazón estaba preparado para soportar este esfuerzo, si el bebé podría nacer con alguna dificultad, si debido a su crecimiento su cabeza podría pasar por el canal del parto o terminaría en cesárea de urgencia. Y en el agobio que sentiría al dar a luz con la mascarilla puesta.

Parto Humanizado en el Hospital La Paz

Además, venía con el precedente de que en el Hospital de La Paz los sanitarios del área de maternidad no solían tener un trato nada cercano ni humanizado hacia las pacientes. Un dato que resulta bastante inquietante ya que en ese momento, te encuentras en un estado de vulnerabilidad y lo que necesitas anímicamente, es justo lo contrario.

Por suerte para mi, el equipo que trabajó aquel día en el hospital fue bastante amable y comprensible con mi situación. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia ellos porque fueron personas muy cercanas que estuvieron pendientes de nosotros en todo momento respetando y apoyando cada decisión que había que tomar.

Pasado un rato, la matrona nos avisó de que ya estaba todo listo y que en breve subiríamos al paritorio donde pasaríamos las siguientes horas hasta el momento del parto.

Dilatación y Paritorio

Una vez llegamos a planta, me suministraron 3 antibióticos como medida de prevención por haber estado más de 24 horas con la bolsa rota. Y, como la dilatación iba muy lenta, me tuvieron que poner oxitocina para acelerar el proceso y evitar el riesgo de coger una infección.

He de contaros que en este hospital por norma general y siempre que la mamá y el bebé se encuentren bien y no entrañe ningún peligro para ambos, dejan que los partos sucedan de forma natural. Excepto en casos como el mío, donde sí había un riesgo mayor.

Unos minutos antes de empezar con la oxitocina, le pedí a la matrona que diese el aviso al anestesista para ponerme la epidural. Ya había sufrido bastante durante 9 meses y prefería guardar toda la energía para el momento de la fase final.

He de confesar que después de la mala experiencia que tuve con la anestesia en los anteriores partos, al principio estaba un poco reticente. Pero fue la mejor decisión que tomé y desde luego la primera vez que me pincharon bien la epidural. Conseguí el equilibrio perfecto, un parto sin dolor y con movilidad en las piernas.

La matrona venía cada 20 minutos a controlarme. Primero, terminó de romper la bolsa porque estaba fisurada en la parte interna, por lo que el líquido amniótico salía a cuenta gotas. Y después, me subió la dosis de oxitocina para aumentar las contracciones. Estuve cerca de 7 horas dilatando en un estado bastante relajado para como empecé inicialmente.

Justo cuando ya me había familiarizado con el equipo médico, en especial con Ana, mi matrona, vino el cambio de turno y, por sorpresa, empecé a sentir una necesidad imperiosa e involuntaria de empujar. Lo que anunciaba que el bebé estaba listo para nacer.

Y efectivamente, la matrona confirmó que había llegado el momento, estaba completamente dilatada (10 centímetros). Pero había coincidido con el cambio de turno, así que tenía que esperar a que llegase el nuevo equipo de ginecólogas, matronas y enfermeras para atender el parto.

Esta decisión me hizo entrar en un estado de nervios mayor al que de por sí estábamos viviendo aquel día. Yo no podía seguir reteniendo al bebé dentro de mí durante más tiempo. Las ganas de empujar eran cada vez más fuertes y con cada contracción, mi cuerpo empujaba casi de forma involuntaria.

Parto y nacimiento del bebé

Finalmente como era un parto complejo, decidieron llevarme al quirófano para dar a luz, donde ya estaba todo preparado por lo que pudiese pasar.

A mi llegada, me encontré rodeada de médicos súper jóvenes lo cual no me tranquilizó en absoluto. Había más de 15 personas alrededor de la camilla. Que si ya es incómodo dar a luz sentada en una cama, os podéis imaginar como es el expulsivo en una mesa de quirófano sin poder reclinar y posicionada completamente en horizontal.

Recuerdo que, a pesar de toda la indumentaria que me pusieron para dar a luz, empecé a notar escalofríos y entre los nervios, el frío que hacía en aquella sala y la tabla rígida sobre la que estaba tumbada, no me encontraba en una posición cómoda para dar a luz.

Además, en aquel momento mi preocupación era que no había ningún médico titular con suficiente experiencia dando las instrucciones y supervisando la situación. Algo que para mí era bastante importante dado que en cualquier momento se podían torcer las cosas.

Pero el bebé estaba a punto de nacer y tenía que concentrarme y guardar toda mi energía para el gran momento que, después de unos 10 minutos empujando, pude ver como llegaba al mundo mi pequeño principito de 4 kg.

Por suerte pude cogerle en brazos nada más nacer y me dejaron tenerle en mi pecho, piel con piel durante unos minutos. En ese breve instante conté sus 20 deditos y grabé en mi memoria su carita arrugada con el ceño fruncido que jamás olvidaré.

Aunque por razones de salud, enseguida se lo tuvieron que llevar a la sala neonatal para hacerle todo tipo de pruebas y comprobar, además de su estado general, el esófago, la tráquea y el resto de órganos que solo se podían ver mediante radiografía y manometría esofágica.

Fue un momento muy duro para mí porque estaba sola, sin la compañía de mi marido que le pedí por favor que acompañase a nuestro bebé mientras le realizaban las pruebas. Las enfermeras intentaron distraerme porque no dejaba de llorar y preguntar por la salud mi bebé, del que no tenía noticias.

Finalmente tuve un parto vaginal y sufrí un pequeño desgarro que demoró mi estancia durante 1 hora aproximadamente en el quirófano. Pero por suerte no me dieron arritmias cardíacas durante el parto y tampoco me sentí agobiada con la mascarilla puesta (utilicé una quirúrgica).

Pruebas y diagnóstico del bebé

Una vez me subieron de nuevo al paritorio, donde pasaría las próximas 2 horas siguientes al parto, llamé nuevamente a las matronas en busca de información. No sabía absolutamente nada de mi hijo, como se encontraba, si tenía el esófago bien formado, si le habían tenido que operar, nada. Creo que es la situación más angustiosa que he vivido hasta ahora. Pero por más que preguntaba no obtenía ninguna respuesta.

Os contaré que, cuando das a luz, la sensación de tener al bebé junto a ti, poder besarle, acariciarle, abrazarle y darle el pecho, es un momento de plena felicidad. Pero cuando no puedes vivirlo de esa manera, cuando te lo quitan de tus brazos y te quedas sola, en una habitación sin ruidos, mirando una cuna vacía… parece que el tiempo no pasa y todo se vuelve oscuro.

Recuerdo no poder dejar de llorar. Tenía un nudo en la garganta que no me permitía ni siquiera tragar saliva. Quería pensar que todo iba bien, pero no entendía cómo era posible que después de 1 hora y media, ningún sanitario me hubiese informado sobre el estado de salud de mi hijo.

Así que les supliqué que llamasen para ver qué había pasado, y en ese mismo instante, apareció mi marido con el bebé en brazos y me dijo, todo ha salido bien Isabel, nuestro hijo está sano, no tiene ninguna malformación en el esófago y puede respirar y tragar con normalidad.

Recuerdo que empecé a llorar aún más, pero esta vez de alegría. Le cogí en brazos y enseguida le puse en mi pecho. Quería comprobar que realmente podía comer, abrazarle, olerle, sentirle cerca de mi. Jamás olvidaré ese momento de felicidad, de calma, de tranquilidad. Después de tanta agonía, por fin pude tener la mente en calma por primera vez en muchos meses.

Enseguida nos subieron a planta donde estuve ingresada 48 horas después de dar a luz. Y con motivo de la pandemia, nos dieron una habitación individual, algo poco habitual cuando das a luz en la seguridad social.

Exudado vaginal positivo – Estreptococo grupo B

Un dato importante que no he mencionado, son las pruebas que me realizaron durante el último trimestre del embarazo. El exudado salió positivo, es decir, que tenía la bacteria estreptococo del grupo B. Cuando sucede algo así, de manera preventiva y con el fin de evitar un posible contagio durante el parto, nada más nacer le suministran al bebé 2 antibióticos.

Aunque no es lo más recomendable porque en teoría no deberían tomar antibióticos durante su primer año de vida, en casos como el mío era totalmente necesario.

Durante el ingreso hospitalario no pudimos recibir visitas. Solo dejaban entrar al padre (mi marido) que, tal y como están las cosas ahora mismo, casi es mejor así para evitar riesgos innecesarios.

El Lunes por la tarde recibí el alta y nos fuimos a casa con nuestras hijas, que estaban deseando conocer al nuevo miembro de la familia.

Un bonito final que merecía ser contado para tranquilar a todas aquellas familias que hoy, estáis viviendo una situación de desconcierto e incertidumbre. Donde la mayoría de los pronósticos clínicos suelen cumplirse y las historias que leemos no terminan con un final feliz.

A lo largo de estos meses he recibido numerosos mensajes en las redes sociales y por e-mail, en los que me preguntábais cómo había salido el parto, qué tal se encontraba el bebé, qué había pasado con la persistencia de la vena umbilical derecha y el resto de diagnósticos.

Estos mensajes, eran de madres que estaban pasando por la misma situación que atravesé yo hace unos meses. Y por eso creo que es importante dar visibilidad y compartir experiencias que nos hacen mantener la esperanza de que todo saldrá bien.

A todas las personas que ahora mismo os encontréis en una situación similar, os mando este mensaje de tranquilidad y fuerza. Si tenéis cualquier duda o queréis compartir vuestra historia, podéis dejar un mensaje al final del artículo.

Author

Soy Isabel, madrileña, trabajadora, mamá de 2 niñas y un bebé recién nacido con el que hemos formado familia numerosa. Apasionada del DIY y la decoración. En mi bitácora encontrarás info sobre el embarazo, maternidad, lactancia y crianza según mi experiencia como madre.

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