Mi tercer parto puede que haya sido uno de los momentos con más tensión e incertidumbre que haya vivido a lo largo de toda mi vida.

Después de un embarazo complicado, de alto riesgo, con diferentes patologías cardíacas y posibles diagnósticos graves que podían marcar para siempre el destino de nuestro hijo, había llegado el momento de la verdad.

Hasta ahora había afrontado todos los alumbramientos con positividad y alegría, sin nervios, tranquila y con mucha felicidad. Sin embargo, esta vez cuando me puse de parto me invadió el miedo, las dudas y la ansiedad. Realmente aún no estaba preparada para dar este paso porque si los pronósticos de mi ginecóloga eran ciertos, este día marcaría un antes y un después en nuestras vidas.

Romper aguas 24 horas antes del parto

El Viernes 6 de Agosto comencé a notar que estaba perdiendo un poco de líquido, y ese momento me resultó muy familiar dado que, en mi segundo embarazo, sucedió algo similar y me surgió la misma duda, ¿Es una fisura en la bolsa de líquido amniótico o perdida de orina?

Al principio pensé que, como tengo el suelo pélvico algo fastidiado y había tenido un día bastante ajetreado con las niñas, seguramente y después de tanto movimiento y caminata estaría sufriendo algún escape de orina. Así que decidí esperar esa noche para ver como evolucionaba.

Sábado 7 de Agosto, me despierto sobresaltada porque empiezo a notar como baja ligeramente un líquido por mis piernas, y efectivamente había roto aguas.

En ese mismo instante desperté a mi marido y le dije que estaba de parto. Pero no me debió entender muy bien porque se dio la vuelta y continuó durmiendo, ¡tal cual!. Así que empecé a zarandearle hasta que volvió a la vida y comprendió que esta había sido la última noche que iba a dormir del tirón durante muchos años.

¿Se puede comer cuando estás de parto?

Según me levanté de la cama recordé que cuando ingresas en el hospital no sabes lo que durará el parto, y después de dar a luz y hasta pasadas unas horas no te permiten comer ni tampoco la ingesta de líquidos. Así que decidí hacer caso a mi matrona y me fui directa a la cocina para darme un buen festín.

Pero unos minutos más tarde me invadió el miedo y entré en fase de negación. Entre magdalena y croissant empecé a pensar, no puede ser verdad, no estoy de parto, yo tenía planes para hoy con las niñas, además aún no tengo preparado el carro, me queda una silla por montar en el coche, no esterilicé los chupetes, aún no tengo preparado el cuco ¡pero si todavía no he puesto ni las sábanas en el moisés!.

Y así estuve cerca de una hora, hinchándome a bollos y sin poder digerir la noticia porque realmente no estaba preparada para afrontar que mi hijo, podía nacer con una grave enfermedad.

Contracciones de parto y sangrado vaginal

Como ya os comenté en el último artículo, había un alto porcentaje de posibilidades de que el bebé naciese con una atresia esofágica que además se podía complicar con una fistula traqueoesofágica, es decir, no sabía si el bebé tenía el esófago unido al estómago, lo que le impediría comer, tragar, respirar y llegado el caso, le tendrían que operar de urgencia nada más nacer.

Así que me quedé bloqueada y me negué a vestirme. Pero entonces comencé a tener un ligero sangrado acompañado de contracciones bastante dolorosas.

¿Esto es normal? Sí, lo es, mientras no sea un sangrado muy abundante ni maloliente y tenga un color rojo vivo, no hay por que alarmarse.

Pero en aquel momento no lo tenía tan claro como ahora, así que me asusté y empecé a prepararme. Terminé de revisar la bolsa del bebé, mi maleta y bajé directamente al hospital (no en el que iba a dar a luz, sino el más cercano).

Nada más llegar me hicieron un test para comprobar si las pérdidas de líquido provenían de la bolsa amniótica, y efectivamente salió positivo. El parto ya había comenzado.

Las contracciones no eran muy regulares en ese momento pero ya había borrado el cuello del útero y estaba dilatada de unos 3 cm.

Traslado al Hospital de la Paz

Tal y como estaba planeado, una vez confirmado el inicio del parto y pasado el control de monitores prepararon los informes para hacer el traslado al Hospital de la Paz en Madrid. Donde me estaban esperando varios cirujanos pediátricos por si finalmente el bebé nacía con alguna malformación y había que intervenir de urgencia.

De camino a la paz nos encontramos con un accidente en la autovía. Recuerdo ese momento de tensión parados en mitad de la calzada sin saber qué había pasado, si podríamos llegar a tiempo al hospital, con muchas contracciones, empapada de líquido amniótico y a 38º a la sombra.

Por suerte habían cortado la carretera justo cuando íbamos a coger el desvío y pudimos circular por el arcén para librarnos del atasco. Y por fin llegamos a la Paz.

En el próximo artículo os contaré el desenlace del parto. Pero os adelanto que por suerte y contra todo pronóstico, tanto el bebé como yo nos encontramos en perfecto estado de salud.

Mientras tanto, si tenéis alguna duda u os apetece compartir vuestra experiencia os animo a que dejéis un comentario al final del post.

Author

Soy Isabel, madrileña, trabajadora, mamá de 2 niñas y un bebé recién nacido con el que hemos formado familia numerosa. Apasionada del DIY y la decoración. En mi bitácora encontrarás info sobre el embarazo, maternidad, lactancia y crianza según mi experiencia como madre.

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