Maternidad

El tiempo que le dedico a mi hija – Reflexión

Hasta hace 6 meses cuando nació la bebé, podría decir que he disfrutado al máximo cada momento de la infancia de mi hija mayor. No veía su crecimiento con nostalgia ni con la típica pena de que se iba quedando atrás una etapa que ya no volvería nunca más, sino más bien con la emoción de lo que vendría después.

Ver su aprendizaje, madurez, su evolución, era como estar visualizando una película a cámara lenta sin perderte el más mínimo detalle. Y de pronto un buen día me desperté y mi pequeña había pegado un estirón de 7 años. Me parecía increible que hacía solo 2 minutos estaba soplando las velas de su primer cumpleaños, y que solo quedaban 2 meses y medio para celebrar el octavo.

No sé si tendrá que ver con el confinanmiento y la falta de rutinas que hemos sufrido, con el nacimiento de la bebé y todo el desorden de horarios que esto conlleva, o el conjunto de ambas cosas. Pero el caso es que llevo varias semanas con la sensación de que este año la he tenido un poquito desatendida y de que me estoy perdiendo estos últimos relámpagos de su infancia.

Ya de por sí me cuesta asimilar el gran cambio que ha dado de forma natural. A la hora de expresar sus sentimientos, su vocavulario, su manera de afrontar las situaciones, su comprensión, pero sobre todo, en su autonomía. Y todo ha sucedido de la noche a la mañana en un abrir y cerrar de ojos. En parte, aunque soy consciente de que es un proceso madurativo e influye de forma positiva en su desarrollo, creo que yo he podido forzar de alguna manera este crecimiento o quizás la he empujado a ser más independiente por diferentes motivos como la falta de tiempo, que ahora mismo es absorbida en gran medida por la bebé.

Cuando me he querido dar cuenta, mi hija ya se estaba duchando solita, preparádose su almuerzo a media mañana, preguntándome cuántos años quedaban para poder tener móvil o para salir a la calle con sus amigas. No recuerdo el momento en el que dejamos de hablar de peppa pig o ladybug.

El nacimiento de su hermana ha sido una montaña rusa de emociones. Una mezcla de amor y celos con la que sigue lidiando. Pero si tenemos en cuenta que los lactantes requieren de atención las 24 horas del día porque cuando no tiene hambre y le toca su toma es porque tiene sueño y la tengo que dormir, si no porque llora, porque está enferma, porque tiene gases…porque, porque, porque, esa es la cuestión, que aún sabiendo que es un proceso por el que tengo que pasar, siento que soy un pozo sin fondo de excusas para mi otra hija.

Desde luego en los últimos días no ha podido reclamar más mi atención y con toda la razón del mundo. Aunque es cierto que a veces no doy más de sí , cuando la bebé descansa por ejemplo, sí que podría dedicarle ese tiempo a ella, sin embargo, me pongo a recoger o hacer cosas en casa, que al final no dejan de ser tareas que perfectamente podrían esperar. O estoy deseando que llegue ese momento de paz nocturno cuando ambas están dormidas y por fin puedo descansar.

Y tengo la sensación de que últimamente con la mayor llego tarde y mal. Y esa espinita que tanto duele por todo lo que me estoy perdiendo y lo rápido que ella está creciendo, me hace cuestionarme todos días y me duermo pensando en que tengo que recuperar el tiempo perdido, o de alguna forma organizarme mejor para aprovechar al máximo los escasos momenos que le puedo decicar solo y en exclusiva a ella. Pero por pronto que me levante, al final cuando llega la noche me vulevo a dormir con la misma sensacción de haber fallado de nuevo. Y lo peor, es que soy consciente de que este reclamo constante o necesidad que siente ahora mismo de estar a todas horas conmigo, tiene fecha de caducidad, y es algo que me produce bastante angustia o miedo.

Tenía tantas ganas de que llegase esta etapa donde poder compartir aficiones con ella, enseñarle a cocinar que es lo que le apasiona, salir juntas a dar un paseo en bici, a patinar, aprender a esquiar, viajar por el mundo y un sin fin de actividades, que aunque algunas de ellas por la situación actual de la pandemia no podemos llevarlas a cabo, otras muchas sí y por falta de tiempo o mala gestión de prioridades, no las estamos realizando. Por no mencionar el «ahora no puedo» seguido de..ir a jugar, ver la película, enseñarle a coser vestidos para sus muñecas, hacer una manualidad, etc.

Así que he decidido que a partir de hoy ya no quiero ser la «Madre-excusa» que siempre tiene algo que hacer en su vida adulta que le impide tirarse al suelo a jugar con su hija como hacíamos antes, leerle un cuento todas las noches o que al menos, la excepción sea el saltármelo un día y no al revés. Disfrutar de mi hija lo máximo posible dentro de las posibilidades, es decir, sigue habiendo un bebé en casa y una serie de obligaciones por no mencionar la pandemia, pero ahí entra en juego mi decisión de qué debería ser lo prioritario en este momento, si tener mi casa ordenada y limpia, o subsistir como buenamente pueda (sin perder el norte) dando prioridad a mis hijas.

Como decía mi abuela, «la pila de platos seguirá estando ahí cuando vuelvas, pero el tiempo que no pases con tus hijas ya no volverá nunca más»

¿Que opináis vosotr@s al respecto?, ¿habéis pasado por situaciones similares con vuestros pequeños? ¡Déjame tu comentario!

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