De todas las preguntas que nos solemos hacer en la recta final del embarazo, ¿Cómo sabré que estoy de parto?, ¿me dolerá el pinchazo de la epidural?, ¿cómo serán las contracciones? , ¿romperé aguas en mitad de la calle cómo en las películas?, la única pregunta que no se me pasó por la cabeza fue qué pasaría si la epidural no me hacía efecto durante el parto, y así sucedió.

Al principio, cuando me ingresaron en el hospital y la matrona se dispuso a explicarme cómo sería el procedimiento, le dije que no quería recurrir a la epidural hasta la fase final del parto, pero entonces no sabía lo dolorosas que podían llegar a ser las contracciones con 2 botes de oxitocina corriendo por mis venas. Las contracciones naturales además de ser menos dolorosas también son menos frecuentes al comienzo del parto, lo que te da un margen para recuperarte entre una y otra. Pero con tal cantidad de oxitocina, aquello se convirtió en un dolor prácticamente insoportable y constante. No recuerdo lo que duraban pero sí que las tenía cada 45 segundos, es decir, poco más de medio minuto para reponer fuerzas.

Cuando estaba dilatada de unos de 5cm llamé a la matrona para que diese el aviso al anestesista, ya no aguantaba más el dolor y quería ponerme la epidural. Pero en ese momento el anestesista se encontraba en mitad de una cesárea, así que tuve que esperar más de 1 hora hasta me subieron al quirófano.

Entre tanto, papárepera en su intento de animarme con sus «bromas» sólo consiguió ponerme aún más nerviosa. Hay personas que ante una situación de estrés les entra el pánico, ansiedad, pero a mi flamante marido le aumenta el sentido del humor a una velocidad vertiginosa. Os podéis imaginar, yo tendida en la cama muerta de dolores y él, entre risas gastando bromas supuestamente para «levantarme» el ánimo. Ahora lo recuerdo como una anécdota graciosa, pero en su momento sólo deseaba que el personal de seguridad entrase por la puerta para llevárselo arrastras.

Después una larga hora apareció el celador. Finalmente no dejaron subir a mi marido y pensé, mira mejor, porque estoy a una broma más de axfisiarle con los cables del monitor. Pero el celador sólo era el relevo de mi marido en el sentido del humor. En serio, por qué, osea yo soy una persona que soporta el dolor en silencio, no me quejo, no hablo, pero tampoco soy receptiva a las bromas ni necesito mantener una conversación para amenizar el tiempo. En aquel momento sólo queria que me pinchasen la epidural y dejar de sufrir, nada más.

Entramos al quirófano, algo que me pareció un poco extraño ya que con la mayor me pusieron la epidural directamente en el paritorio. Y según entro por la puerta el anestesista comienzó a hacerme una serie de preguntas acerca de mi historial médico que ya debería conocer a estas alturas, empezamos bien, no se había leído los informes. Cojo aire e intento relajarme, no pasa nada, le cuento de nuevo como ha transcurrido el embarazo y las patologías que han derivado del mismo.

El doctor me explica pacientemente como funciona la anestesia. No recordaba tales hazañas en mi primer parto y pensé, una de dos, o me fue muy bien con la anestesia o mucho ha cambiado la cosa en 7 años.

Básicamente me dijo cómo debía proceder una vez me dejasen puesto el catéter y los movimientos que debía o no hacer durante el parto. Pero en ese momento estaba tan dolorida y concentrada a la vez para hacer más llevaderas las contracciones que sinceramente no me enteré de absolutamente nada. Yo veía que en sus manos sostenía una botella de agua que no dejaba de mover como si fuese un barco velero, con la cual intentaba explicarme cual era el efecto de la epidural según los movimientos y la gravedad, para saber las posturas que debía adoptar. Pero que no, que yo estaba a lo mío y no me centraba en el tema.

Una vez todo listo, me posicionó para poder pincharme. Todo me parecía nuevo, como si fuese primeriza. Nunca imaginé la diferencia de protocolo que podía existir de un hospital a otro. Total, que me dieron una almohada y me dijeron que tenía que colocarme al bode de la camilla, de piernas cruzadas y abrazando la almohada pero con los hombros rectos, sin moverme ni un centímetro. El doctor esperaría a que me viniese una contracción y en el descanso entre una y otra me inyectaría la epidural.

Pero aquello era misión imposible. Las contracciones cada vez eran más frecuentes y no pasaban más de 30 segundos entre una y otra. El doctor no se explicaba cómo me habían suministrado tal cantidad de oxitocina en la primera fase del parto, ya que esto complica la situación a la hora de suministrar anestesia. Al cabo de 15 minutos consiguió por fin inyectarme la epidural.

Aproveché ese momento de alivio para que me volviese a recordar el procedimiento. Y resulta que para que la anestesia hiciese efecto de forma homogénea, tenía que estar boca arriba al menos durante media hora. Es complicado mantener el equilibrio uniforme de la anestesia en ambos lados del cuerpo, por ello, seguí las indicaciones y cuando comencé a sentir las contracciones me recosté de lado para que la epidural se reclinase sobre la parte izquierda del cuerpo, pero la gravedad no cumplió su función.

Estuve más de una hora esperando y nada, el dolor de las contracciones era continuo y no cesaba. Llamé a la matrona para que me subiesen la dosis, ya que en un principio les pedí que la mantuviesen flojita porque no quería tener las piernas dormidas, sabía por experiencia del primer parto que si me quedaba bloqueada no podría trabajar bien durante la segunda fase, que es el expulsivo y comienza cuando se alcanza la dilatación completa, lo que conocemos como estar dilatadas de 10cm.

Minutos más tardes nos visitó de nuevo el anestesista. Me volvió a explicar el procedimiento a fin de hacerme entender que por subir la dosis de la epidural no conseguiría que esta se declinase hacia el lado izquierdo del cuerpo, solamente causaría mayor impacto en la parte derecha. La única solución era ponerme un <bolo de anestesia> que,a día de hoy, jamás me lo hubiese puesto.

¿Qué es un bolo de anestesia?

El bolo intermitente de anestesia se podría decir que es una «bomba» de anestesia que causa un efecto más rápido, uniforme y elimina por completo el dolor de las contracciones. Ya conocéis las ventajas, ahora viene el inconveniente, que es el bloqueo que sientes cuando te lo suministran.

Si bien es cierto que su efecto puede durar alrededor de 2 horas (si no te vuelven a inyectar más dosis), y esto te permite que estés más activa durante el trabajo del parto, antes de llegar a esta fase, tu cuerpo permanece totalmente bloqueado. No es que no puedas mover las piernas, es que no sientes tu cuerpo de pecho hacia abajo. Habrá personas que lo digieran bien y alcancen su propósito, pero en mi caso, no es lo que esperaba.

Hubo un momento que me sentí súper agobiada. Tenía alrededor de la camilla a la matrona, ginecóloga, el anestesista y la enfermera, todos a la espera de ver si conseguía relajarme. Perdón, retrocedo en el tiempo… Después de suministrarme el bolo me quedé totalmente bloqueada. Empecé a sentir una presión en las piernas que iba subiendo hacia arriba y me recorría todo el cuerpo hasta llegar al pecho. La sensación era como si me estuviesen hinchando el cuerpo con una bomba de aire de alta presión, como cuando hinchas las ruedas de una bicicleta, no se si me explico bien pero era muy desagradable.

A consecuencia de tanta cantidad de anestesia sufrí una leve caída de la presión arterial. Comencé a sentir mareos, sudoración, y entré en estado de ansiedad por lo que las pulsaciones empezaron a dispararse. Era muy consciente de que esta crisis me la estaba provocando yo misma por los nervios de la situación, y recuerdo que tenía muchísimo agobio y sólo quería que el efecto del bolo de anestesia desapareciese de forma instantánea. Hablé otra vez con el anestesista, que no vino a contarme nada nuevo, sólo a decirme que no era posible. El bolo una vez se inyecta ya no hay marcha atrás, hay que esperar mínimo un par de horas para hasta que pase el efecto y tu cuerpo vuelva a la normalidad. Intenté relajarme con técnicas de respiración y no me quedó más remedio que esperar.

Por suerte poco a poco me fui recuperando. Aunque no sentía las piernas, cesó la presión y la sensación de hinchazón, fue un alivio la verdad. Porque una de mis preocupaciones era no poder hacer el trabajo de parto como ya me pasó la primera vez, y tener que recurrir a los fórceps, episiotomía o a la maniobra de Kristeller. Si algo tenía claro es que no quería otro parto traumático.

Entre tanto el doctor comentó que esta situación es con la tiene que lidiar a diario. Según él, recurrimos a la epidural en busca de eliminar por completo los dolores pero sin que nos duerman las piernas, y hay que encontrar el equilibrio de expectativa y realidad.

A día de hoy, habiendo pasado por 2 partos con anestesia epidural, raquianestesia, bolo intermitente, etc, (creo que las he probado todas), no dejaría que me inyectasen el bolo, es algo que no repetiría jamás porque de verdad que la sensación de agobio, angustia y malestar que me produjo no la quiero volver a repetir. De echo, de haber sabido realmente lo que me estaba poniendo, hubiese soportado el dolor de las contracciones. Es más, antes de subir al quirófano para dar a luz, les dije que me quitasen también la epidural, no quería más dosis de ningún analgésico. Me daban igual los dolores, lo prefería a estar bloqueada.

Así que finalmente y después de todo lo que pasé fui al paritorio sin ningún tipo de analgesia. Pude hacer mi trabajo, sentir las contracciones y hacer el pujo. Recuerdo que justo antes de dar a luz le pregunté a la matrona, «Toñi, ¿cuantos puntos me vais a dar?, estoy notando que la anestesia llega a su fin. ¿Sale o no sale?«. Y me dijo «Tranquila que ya está aquí». Y aunque sufrí un pequeño desgarrado, lo prefiero antes que una episiotomía.

Un parto relativamente corto, aunque a mi se me hizo eterno a raíz del bolo. Pero pude sentir como nacía mi hija, con un poquito de dolor pero sin complicaciones.

Si estás embarazada o a punto de dar a luz, te recomiendo, infórmate muy bien antes del parto sobre lo que quieres hacer para no llegar a ciegas. Tanto si tienes pensado dar a luz de forma natural como si quieres un chute de anestesia nada más entrar por la puerta. Nunca sabes como se va a desenvolver, si llegarás a termino, si necesitarás anestesia aunque no la quieras, tu bebé puede nacer por cesárea, un parto instrumentado porque no quede más remedio, etc.

A lo que voy, que no llegues a las puertas del hospital sin saber nada, porque eso hará que te sientas insegura y agobiada por la falta de conocimiento. Es mejor y aporta mayor tranquilidad entrar al paritorio y que te suene todo lo que te están contando, porque así pase lo que pase te sentirás más segura y relajada y con eso ya tiene medio camino recorrido.

Si has venido hasta aquí con dudas o en busca de respuestas, espero que mi experiencia te haya podido ayudar.

 

Author

Soy Isabel, madrileña, trabajadora (CFO) y Asesora de Lactancia Materna en proceso. Bimamá de niñarepera (7 años) y bebérepera (newborn). En mi bitácora encontrarás info sobre el embarazo, maternidad, lactancia y crianza. Noticias relevantes y curiosidades de nuestro día a día.

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